20120810

El Primer divorcio gay de la historia humana


La joven mujer exhaló el último suspiro en el lecho del hospital rodeada de sus seres queridos y murió.
Su madre lloraba inconsolablemente. Algunos amigos lloraban, otros cuchicheaban entre ellos.

El organismo debilitado de la joven, ahora inerte, no resistió a las infecciones oportunistas y entró en colapso generalizado.
Esta escena es muy común en algunos hospitales brasileños donde miles de pacientes de SIDA luchan para sobrevivir y terminan muriendo sin glorias ni honores.

No era el caso de esta joven mujer. Murió laureada de loores, glorificada por la prensa, por los grupos de derechos humanos, exaltada por la poderosa red de televisión, por la Internet, por muchos artistas, por los travestís y por todos los simpatizantes de la causa gay.

Ella era la primera divorciada de un casamiento gay en la historia del mundo moderno. Una victoria social doble según la óptica de los progresistas. Ella se casó en el registro civil con otra mujer y después de amargar varias “infidelidades conyugales” y violencia doméstica, se divorció convirtiéndose en la primera divorciada gay del planeta. Murió con apenas 34 años de edad.

Los medios de comunicación habla poco sobre las enfermedades sexualmente transmisibles entre lesbianas. Para ser más exacto, los medios casi no hablan de los problemas de salud de los homosexuales, hacen de cuenta que no existen. El panorama cambia cuando conversamos sobre este asunto con los médicos, las enfermeras, los asistentes sociales, los sacerdotes y los pastores evangélicos que atienden a los enfermos en los hospitales. Curiosamente, nadie hace “marketing” con lo que estos héroes anónimos saben.
Desde su adolescencia esta mujer sufrió varias infecciones originadas en su conducta sexual sin que haya sido una prostituta, sino apenas una joven lesbiana compatible con el padrón de las telenovelas e de las películas brasileñas: una lesbiana “normal”.
Ella tuvo la clamidia, el herpes y la gonorrea por reiteradas veces.
Con su sistema inmunológico debilitado, se contagió con el virus del SIDA de una manera que las estadísticas insisten en negar que sea posible y después de luchar mucho, murió con su nombre publicado en todos los periódicos nacionales e internacionales.
La presentaron como una nueva Juana De Arco, una invención chiflada de los marketineros, que les pareció genial asociar a la pequeña pastora de Domrémy con la primera lesbiana divorciada del mundo. No se como, pero se atrevieron. Y las masas como siempre, se lo creyeron.

Su muerte motivó los mismos actos sociales de siempre: misas, minutos de silencio, paseatas solidarias y discursos que recordaban a la joven mártir, la primera, la valiente, una Brasileña con B mayúscula, gritaban los defensores fanatizados.
Fue fundada una ONG para apoyar a las víctimas de la violencia doméstica de los matrimonios gay.
Vale decir, nada cambió después de la legalización del casamiento homosexual. Y para peor, el presupuesto público se quedó más caro por los costos de las nuevas comisarías especializadas en violencia doméstica gay. El número de divorcios aumentó considerablemente después que publicaron la historia de la nueva heroína.

Después de “desencarnar”, como dicen algunos espiritualistas, ella entró en un túnel oscuro. No sentía los dolores vaginales crónicos de la clamídia, ni las terribles jaquecas por la alta fiebre del SIDA. Ella se sorprendió al notar que continuaba consciente después de haber muerto.

Entonces caminó por el famoso túnel oscuro oyendo un sonido grave, compasado, muy parecido al sonido de la música electrónica de un club nocturno. ¡Pumchi-pumchi-pumchi-pumchi!

Mientras caminaba en dirección a la luz en en final de túnel, la “música electrónica” era más intensa, resonando en el suelo y la paredes. Era un barullo muy parecido al que se escucha desde afuera de los clubes nocturnos de las inmediaciones de la avenida Paulista.

El sonido grave tipo rave le trajo tranquilidad. Sonrió y pensó: “Este debe ser el paraíso gay, un eterno baile al compás de la música electrónica. ¡Nada mal!”.
La luz al fin del túnel cambiaba de tonalidades en destellos azules, fucsias y rojos que se alternaban como las luces láser de las boites. “¡Que bueno!” ella se dijo para si misma, y caminó más rápidamente para entrar sin demoras a la fiesta, mientras oía los gritos que le recordaban la alegría de las pistas de danza. Se sintió animada y pensó: “¡Que rebueno! ¡Si supiese que era así habría hecho algo para venir antes!”. Sintió el mismo entusiasmo que sentía todas las veces que iba a los clubes nocturnos a divertirse.

A medida que avanzaba, el volumen del sonido grave era más intenso y las luces más brillantes.

De pronto apareció una silueta. Era un hombre vestido de traje negro, parado al final de túnel.
“Debe ser el portero” pensó recordando aquellos porteros que parados en las puertas de las boates, seleccionan el público que quiere entrar en el lugar de moda.

Ella nunca fue impedida en los clubes nocturnos. Iba vestida a la moda, con escote exagerado, minifalda, maquillada y con sus cabellos muy bien arreglados. El visual de modelo sexy siempre le aseguraba la entrada a los mejores clubes nocturnos de la ciudad. ¡Como sería impedida ahora de entrar en la gran fiesta eterna! - pensó y se dijo: “¡Yo me lo merezco!” tomando coraje para enfrentar al portero.

Y no fue impedida de entrar.



Enseguida que se aproximó del portero, vinieron otros tres guardianes vestidos de negro, y los cuatro la agarraron por los brazos y las piernas suspendiéndola en el aire. Ella no consiguió soltarse de ellos y inmediatamente notó que algo estaba mal.

El portero principal, dejándola prendida por los otros tres, tomó un tablet y tecleó algo en la pantalla, que iluminaba sutilmente so rostro, revelando a ella que no tenia un rostro humano.
“Veamos tu prontuario muñeca” - él dijo mientras ella desesperada trataba en vano de soltarse.

Ella gritó muy iracunda: ”¡Yo se porque estoy aquí, monstruo asqueroso! ¡Yo estoy aquí porque soy lesbiana y Dios odia a los gays!”.

El guardián siguió leyendo la pantalla del tablet sin inmutarse. Los ojos brillaban en aquel rostro inhumano mientras leyó la sentencia: “No es lo que está escrito aquí. Su conducta sexual no consta en los autos como causa principal, ni siquiera aparece en las primeras líneas...tal vez los anexos digan algo...pero yo no tengo tiempo ni paciencia para leer su biografía. Según está escrito, usted está qui porque odia a Dios, porque ignoró el llamado divino, porque siempre creyó que la voz del Espíritu Santo era invención de su imaginación...¿A ver que más?...porque creyó que los impulsos al arrepentimiento eran un residuo de la educación represiva...¿Que más?...Ah si, que usted odiaba orar y alabar a Dios, algo que haría en el Paraíso por la eternidad. Dios dijo que no iba a obligarla a hacer algo que usted nunca quiso hacer voluntariamente. Los crímenes son de menor importancia...muñeca, entraste en un problemón ignorando al único que te podía librar, ahora es tarde.” - y ordenó a los tres guardianes en alta voz: “¡Al horno con ella!” - volteándose, el guardián mayor desapareció andando entre las sombras con el tablet debajo del brazo.

Como en el juego de lanzar a alguien a la piscina, los guardianes riéndose a las carcajadas la balancearon y la arrojaron lejos en dirección al centro de aquel inmenso lugar.

Ella voló y mientras caía, gritaba a los alaridos, perdiéndose en el sonido ensordecedor de aquel lugar espantoso.

El sonido grave no era de música electrónica, como parecía, sino que era el sonido de los corazones múltiples de unos gusanos gigantes que nunca se mueren, entrelazados en una multitud de cuerpos humanos lanzados en aquella sopa macabra de gusanos y gente.

Las luces psicodélicas provenían de las llamas que flameaban debajo de los gusanos, las chispas y fogonazos salían de los cuerpos que reventaban e inexplicablemente continuaban vivos, en un fuego que nunca se extinguía.

Los cuatro guardianes vestidos de negro eran ángeles caídos, demonios, los que ella siempre negó que existiesen durante su vida mortal. Ahora era muy tarde.

En la superficie de la Tierra, las iglesias cerraban sus puertas por falta de creyentes.
Los congresos de las naciones festejaban las nuevas leyes que sumergían a la humanidad en una era de confusión sin precedentes en la historia.

El Cielo lloró por una alma perdida. Dios tenía planes mucho mejores para ella.

Jesucristo dijo:

“Y cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase al mar. Y si tu mano te es ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que nunca será apagado; donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Y si tu pie te es ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar en la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que nunca será apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al fuego del infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal. Buena es la sal; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será sazonada? Tened sal en vosotros mismos, y tened paz los unos con los otros.“ Marcos 9:42-50.

(Este cuento es ficción. Cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia, Los hechos relatados no sucedieron en la vida real, siendo apenas una expresión literaria)

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