20130416

Cuando un hijo de Dios va al frente de batalla

Cuando un hijo de Dios va al frente de batalla, debe saber que por las acciones tomadas contra el reino de las tinieblas, pueden haber represalias. Toda acción provoca una reacción. Hubo una reacción del reino de las tinieblas sobre Jesucristo el unigénito de Dios y también sobre sus seguidores. Pablo, Pedro, Santiago, Juan y muchos otros siervos de Dios pasaron por este tipo de problemas.

La represalia puede venir sobre alguno de tus amados, conjugue o hijos. a través de alguien a quien amas y que puede herirte ofendiéndote sin motivo.
También puede venir a través de tu trabajo secular, en la calle o de cualquier lugar. También puede venir en una situación que te toma totalmente desprevenido.
“Y los enemigos del hombre serán los de su propia casa.” (Mateos 10:36)
“Amados, no os extrañéis acerca de la prueba de fuego la cual se hace para probaros, como si alguna cosa extraña os aconteciese” (1 Pedro 4:12).
“Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución.' (2 Timoteo 3:12)

No te desesperes si algo así sucede. Dios está en el control de todas las cosas relacionadas a tu vida.
“Y sabemos que todas las cosas ayudan a bien, a los que aman a Dios, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28)

El enemigo acostumbra a irritar a las personas próximas de ti, a veces personas muy queridas, por eso debes orar por ellos siempre.

Si te ofenden, toma cuidado con tus reacciones. Si fuiste tomado de sorpresa por una actitud inesperada de un ser amado, especialmente después que hayas hecho algo contra el imperio de las tinieblas, no te sorprendas y no seas ingenuo. Nunca te olvides que el maligno es traicionero y golpea bajo, tratando de hacer represalias contra los siervos de Dios.

Si alguien amado te ofendió y reaccionaste negativamente, humildemente pide perdón a Dios y si es necesario a la persona contra la que reaccionaste después de ser ofendido. Ora lavándote con la sangre de Cristo, restablece to paz con Cristo y con los que te rodean. 2Co 2:11 avisa: “para que no nos gane Satanás; pues no ignoramos sus maquinaciones.”

Pero si alguien te ofende y tu estás alerta, bendice al ofensor, evita las contiendas. “La suave respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.” (Prov 15:1).

Ora por tus ofensores. Recuerda que nuestra lucha no es contra gente de carne y hueso. Nuestra lucha es con fuerzas tenebrosas que actúan por detrás de la gente de carne y hueso. Muchas veces las personas que te atacan no saben que están siendo usadas por las fuerzas de las tinieblas. Ora por estas personas y perdonales las ofensas que te hicieron consciente o inconscientemente. Tu oración va a contribuir para la liberación de ellos. “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra malicias espirituales en las alturas.” (Efesios 6:12)

También recuerda que Jesucristo nos avisó que en el mundo tendríamos tribulaciones, pero que Él venció al mundo. El mundo es este sistema social anti Dios que nos rodea. Jesucristo ya lo venció, es una cuestión de tiempo y lo veremos totalmente deshecho. Jesucristo venció al sistema social anti Dios.
Jesús dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33)

Nos espera una mansión celestial mucho mejor que las mansiones de este mundo. Nos espera una corona mucho más valiosa que las joyas de los ricos de este mundo. Nos espera Jesucristo, que fue antes de nosotros para prepararnos un lugar especial y recibirnos personalmente. No desmayes, el nuestro es un final feliz y todo coopera a tu favor porque Dios cuida de ti.

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas mansiones hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho.
Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo; para que donde yo estoy, vosotros también estés.
Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.” (Juan 14:1-4)






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