20130509

De donde viene la música es a donde ella te llevará


Los que hemos nacido de nuevo en Cristo Jesús y apreciamos a la buena música, a veces enfrentamos desafíos al decidir la música que escuchamos. Hay tantas opciones en la televisión, la radio, la Internet, el Smartphone, el tocador de mp3, el YouTube, Pandora, iTunes y tantos otros medios. Diariamente surgen artistas para todos los gustos y edades. Creo que nunca antes las personas tuvieron tanta variedad y opciones para escoger música.
¿Ya te sucedió que después de oír un determinado estilo de música vienen a la mente pensamientos que normalmente no aparecerían en el silencio?
¿Has sido invadido al escuchar cierta música por sentimientos que normalmente no afloran mientras no oyes ese tipo de música?

 Yo pertenezco a una generación que presenció grandes cambios del comportamiento de los personas y  la música fue muchas veces el detonador de estos cambios.

Recuerdo que siendo un adolescente, salía de los conciertos de música cargado de sentimientos que transformaban mi comportamiento. Mi apariencia física fue transformada por el rock de los años 70: mis cabellos y mi barba crecidos, representaban a la libertad personal, expresaban disconformidad con la sociedad de los mayores. El poder del sonido del rock iba mucho más allá que apenas música. Alguien dijo que rock es una forma de vida, que rock es una actitud hacia la vida.
Al oír rock todos mis sentidos eran invitados a buscar sentimientos intensos. Éramos llevados a buscar experiencias radicales, a romper los moldes viejos.

Esta música estaba inspirada en los primitivos rituales célticos., pero nosotros no lo sabíamos.
Nuestra mezcla cultural porteña, pampeana, gaucha, gallega, italiana nada sabía de magia céltica, de baladas irlandesas profanas, de los cultos primitivos de los druidas.
Aunque nuestro fondo cultural era ajeno a la vieja Europa celtica, acabamos vestidos como los hechiceros celtas. Nuestras melenas y barbas, las cadenas en el cuello y nuestras danzas eran iguales a la de las fiestas paganas de la vieja Europa idólatra, pero no sabíamos nada de eso, y muchos todavía hoy no lo saben.

Los hippies de los años 70 eran el retoño de una planta muy vieja: fuimos conformados a la imagen de los hechiceros y brujas célticos. Aprendimos a danzar y deleitarnos con el sonido de las guitarras distorsionadas y los tambores eufóricos. Estas guitarras imitaban a los violines estridentes que se tocaban en los cultos primitivos de la Caledonia pre-cristiana, la antigua Gran Bretaña. Recientemente en un show de música celtica pude identificar el sonido estridente y distorsionado del Fiddle, un violín folclórico irlandés, muy semejante al de las guitarras eléctricas.

Esta música vino del infierno, y allí intentó llevarme. Recuerdo los momentos de soledad, de revuelta, de protestación. Recuerdo las ganas de beber, de vivir de noche, recuerdo la euforia y los sentimientos autodestructivos que esta música trajo a mi corazón. El rock me animó a ser un joven irritado y rebelde.

¿Cómo aprendí a identificar el origen de la música?

Todo empezó una tarde cuando, recién convertido a Jesús Cristo, escuchaba el segundo álbum de Led Zepellin, y el Espírito Santo de Dios me dijo claramente: “Rompe ese disco”. Yo lo saqué del tocadiscos y lo rompí en pedazos. Era como se estuviese rompiendo una cadena que aunque invisible, podía sentir que me prendía negativamente.

Yo no dejé de oír buena música, solo que empecé a prestar atención al origen de la música. Comencé a observar las reacciones interiores  que la música trata de provocar.

La primera actitud es la de no arrodillarse ante la música, no doblarse a ella, no servirla, no tornarse un esclavo obediente a sus voluntades. Cristo es mi Señor y yo, siervo de Cristo, comando sobre la música.
Si la música me lleva a pensar en Dios, me recuerda la paz de Dios, me ayuda a conversar con Dios, la sigo oyendo. Si al contrario percibo que me aparta de Él o que me hace recordar mi vida lejos de Cristo, entonces la hago callar. No se trata de definir si es pecado escuchar cierto estilo o crear una lista de cosas prohibidas de oír. Lo correcto es permanecer en su presencia y dejar apenas que suene en mi vida la música que me lleva a Él.

La Biblia nos enseña sobre un hombre llamado  Jubal que era descendiente de Caín.
Caín  fue el primer asesino de la  humanidad y el fundador de la primera ciudad que existió.
 Jubal fue el primer músico profano urbano. Él hacia música para aquellas personas que no invocaban al Señor y habían organizado una sociedad para sí propios sin Dios. Puedes leer esto en Génesis 4:16-25.

 El clima espiritual de este grupo era dominado por la venganza, la poligamia y vivían como Caín, fuera de la presencia de Dios. La música que Jubal tocaba no era para Dios, era para alegrar a la gente que lo rodeaba. Ciertamente su música los animaba en las fiestas, en las relaciones polígamas, en los banquetes y en las contiendas vengativas, pero no hay mención de Jubal haciendo música para adorar a Dios.

Solo más tarde, cuando a Set le nació un hijo llamado Enós es que los hombres comenzaron a invocar el nombre del Señor (Génesis 4:26).

Es muy importante que identifiques el origen de la música que quiere tocar tu alma.
¿Viene esta música del espíritu profano de Jubal, cargada de sensualidad, de pensamientos ajenos a Dios, de violencia? ¿Qué imágenes se dibujan en tu mente mientras la oyes? ¿Qué sentimientos afloran en tu corazón al escucharla? ¿Qué te sientes empujado a hacer cuando esa música entra en contacto contigo?

Dice la Biblia que cuando David tocaba música hacía bien a los que le oían. David fue  el mayor rey de Israel y tenía el corazón de acuerdo con el corazón de Dios.

Nos cuenta la Biblia que cuando el joven David tocaba su instrumento musical, el rey Saúl era calmado de sus tormentos interiores. “David tomaba el arpa, y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio, y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.” (1 Samuel 16:23)
La música que David tocaba venía de Dios y llevaba a sus oyentes a ponerse en la presencia de Dios.

De la misma forma, actualmente hay música que te enraíza a este mundo perverso, que exalta los pensamientos egoístas y te llena de euforia sexual. Estos sonidos vienen del infierno y quieren llevarte allí. Aparta ese sonido de tu vida.

Pero hay otra música que brota de un manantial inspirado en Dios y que al oírla, eres transportado a su presencia.

Yo no me refiero a ningún estilo o interpretes en especial.

Te invito a que ejercites tu corazón en oración y aprendas a identificar cuál es la música que te invita a amar a Dios y  a permanecer consciente de su presencia.



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