20131129

La Argentina Encantadora

Hace muchos años que me fui de Argentina.

Mi último gran abrazo al país fue como fiscal de urnas en 1983, cuando la democracia fue libertada del centro de detenciones clandestino. Además de cuidar de una urna, voté por primera vez y aquel voto es una de las pocas cosas que no me arrepentí en la vida. Solo los necios creen que no tienen nada de que arrepentirse, pero eso es harina de otro costal.

En el país que vivo no hay televisión argentina en el cable. El único servicio que descubrí de televisión argentina por la Internet está sucio como piso de gallinero: los usuarios se quejan que pagan por un servicio que no reciben. Pura viveza criolla de exportación. Pensandolo bien, si hubo oficiales militares que dejaron morir de hambre y frio a los pibes soldaditos en una guerra perdida, no es de extrañar que haya pícaros lucrando con estafas a los que tienen nostalgias de la patria. Y hasta consigo imaginar que hay ideólogos justificando los golpes: “¡Si se fue es un traidor, un cipayo merece que le saquen los dólares!”.

Pepe Arias y Tita Merello
Pero este mate está muy amargo, y yo le voy a poner azúcar.

En un ataque de nostalgia se me ocurrió buscar en el Google TV por películas argentinas antiguas. 

De un trago me vi “Abasto” con el inigualable Pepe Arias y la morochasa Tita Merello. 




Luis Sandrini y Gabriela Gili
Entonces me dejé llevar por la marea de recuerdos, y dejando de lado los prejuicios idiotas me vi “El
profesor hippie” y “El profesor patagónico”, con los geniales Luis Sandrini , Pedrito Quartucci, Roberto Escalada. Me acordé de la angelical Gabriela Gili y reencontré al “Ché Guevara” Piero, que de bobo solo tenía la cara.

Elina Colomer y Pedro Quartucci
La Argentina que vive en mi corazón es ingenua, tiene buen humor y cree en la bondad criolla, como Pepe Arias. Tiene picardía pero sin ser ordinaria, como Tita Merello. Esta Argentina se enamoraba de muchachos buenos como Luis Sandrini, tenía suegros como Pedrito Quartucci y Elina Colomer. Se apasionaba secretamente de chicas como Gabriela Gili mientras soñaba a la luz de la luna sintiendo el aroma de los jazmines en las veredas. Y tenía una barrita de amigos con cara de Piero y José Luis Mazza para hablar tonterías en la salida del colegio.


¡Quién diría! La yanqui Google preserva muy bien la memoria de las cosas buenas de la Argentina.
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